Ese mismo egoísmo sigo sintiéndolo, es el que me "obliga" a seguir repartiendo, el que me "obliga" a dar mi tiempo libre a los demás. El que me hace disfrutar en Gooding porque como dijo Nelson Mandela: " Son los cambios que hacemos en los demás, los que determinan la importancia de nuestra propia vida".
viernes, 1 de abril de 2016
Impresiones
Ese mismo egoísmo sigo sintiéndolo, es el que me "obliga" a seguir repartiendo, el que me "obliga" a dar mi tiempo libre a los demás. El que me hace disfrutar en Gooding porque como dijo Nelson Mandela: " Son los cambios que hacemos en los demás, los que determinan la importancia de nuestra propia vida".
jueves, 17 de octubre de 2013
Gestionando el cambio
Hace tan sólo unos días compartía una cerveza con una amiga. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos y se convertía en una ocasión especial para retomar nuestra relación. Falsamente pensé que costaría darle ritmo a la conversación, pero ni mucho menos fue así. Rápidamente, empezamos a hablar de un tema y de otro, hasta que uno acabó por convertirse en el centro de la conversación. Ella lo llamó ‘sus lloros’, aunque yo negué que lo fueran entonces y lo niego ahora. Además, fuesen lo que fuesen, creo que es de vital importancia compartir con tus amigos los temas que más te preocupan. Lo considero un ejercicio de humildad. Y, por otra parte, es hora de entender que, a veces, uno solo no tiene la solución y que, a veces, la persona que está delante puede ser quien te dé la respuesta o, mejor, la pregunta que estabas buscando. Hablamos largo y tendido y creo que un poquito, aunque fuera tan sólo un poquito, sí que pude ayudar. La remití a uno de los artículos de este blog, uno en que dice que hay una gran parte de ‘sin techo’ que están dispuestos a salir de esa situación, pero tan sólo hay una pequeña minoría que -perdón por la expresión- ya están hasta las narices de la calle y necesitan salir. Esos, sólo esos, son los que tienen verdaderas oportunidades de salir. Aquellos que están dispuestos a cambiar dinámicas. Los otros, lamentablemente, se encuentran en su zona de confort donde, ya acostumbrados a su vida, no van a luchar en demasía por el cambio pues, al final, podrían estar peor. Bien, no toméis mis palabras a pies juntillas pues hay muchos matices y, por otra parte, los ‘sin techo’ son marginados y merecen una atención especial.
Sea como sea, me centro en ese estadio de confort, ese en el que nada va a mejor, ni nada a peor. Estabilidad que, cuando se trata de situaciones críticas, acaba comiendo la alegría de quien la padece y le encierra en un bucle sin aparente salida. Está cegado, se siente aprisionado. Y aquí me viene a la cabeza la pregunta que una vez me hizo un amigo ‘¿Y tú, qué haces por cambiar?’
Anteayer esta pregunta volvió a mi y decidí que necesitaba un cambio de dinámica, pues me encuentro en una zona de confort un tanto peligrosa. Así, he roto un mal hábito y he pasado a madrugar para hacer deporte por la mañana. Mi error había sido sacar el deporte de mi agenda, lo que resta oxigenación a la mente, claridad en las ideas y, al menos en mi, me resta alegría. Importante: alegría. No obstante, espero que no sea este el único cambio, pues correr por las mañanas tampoco es la solución a mis males.
Al final de todo, uno se preguntará a qué viene un post como este en un blog de solidaridad. Pues muy fácil, el punto en común es la ACTITUD. Puede que no seas tú quien necesite un empujón o quizás sí. Pero lo que tenemos que tener claro es que si haces lo que has hecho siempre, te pasará lo que te ha pasado siempre. Sencillo. Y, por otra parte, si las cosas no marchan bien, está claro que necesitas un cambio. Lo que hace bueno el dicho “El pesimista se queja del viento, el optimista espera a que cambie, mientras el realista ajusta las velas”. Es importante liderar la gestión del cambio en ti y a tu alrededor. De hecho, eso te hace gooder.
viernes, 23 de noviembre de 2012
Por todo lo que somos
miércoles, 31 de octubre de 2012
Gracias Luigi
martes, 17 de julio de 2012
GOODING cruza a LA OTRA ORILLA
domingo, 11 de marzo de 2012
Tratando de escapar
No hace mucho, hablaba con un amigo acerca de las personas que viven en la calle. Decía que todos somos “marginados en potencia” destacando así la facilidad que tenemos para caer en situaciones dramáticas como, por ejemplo, la calle. Entre gooders hemos hablado y teorizado mucho acerca de este tema, aunque siempre acabamos en la conclusión de que en nuestro caso sería muy difícil pues tenemos familia y amigos en los que apoyarnos. Pero, ¿qué pasaría si no fuese así?
Aunque más que de la facilidad de caer en la calle, empezaba este artículo tratando de explicar la dificultad de salir.
Hace menos tiempo hablé con mi madre acerca del mismo tema, y me preguntó ¿por qué muchos indigentes no quieren salir de la calle? Y seguramente muchos tengáis la misma pregunta, aunque es errónea. Todos quieren salir, pero nadie sabe cómo. No hay familia, no hay amigos. Los sintecho se han convertido en marginados de la sociedad, en el último estrato de la población. ¿Cómo empezar de cero cuando lo has perdido todo, hasta la dignidad? Cuando ni tú confías en ti…
Le hice el símil con los países tercermundistas, ¿qué futuro tiene que imaginar un niño pobre, cuyos padres son pobres, cuyos abuelos son pobres, y que tan sólo conoce pobreza? Yo creo saber la respuesta: sin la ayuda de alguien con capacidad seguirá siendo pobre. No nos equivoquemos. No se trata de voluntad, se trata de medios o capacidad.
Así nos encontramos semanalmente con 30 personas que necesitan nuestra ayuda para salir de la calle. Casi todos están dispuestos, otros están realmente dispuestos pero pocos están ya hasta las narices y necesitan salir de la calle.
A uno de estos últimos hemos estado ayudando y siguiendo, pues pensamos que tiene verdaderas posibilidades de salir de la calle. El inicio fue duro puesto que al principio él era de los que tan sólo estaban realmente dispuestos, pero poco a poco sufrió una conversión. Le hicimos visitas frecuentes, conocimos su situación, trazamos un plan con el objetivo de tener un futuro digno. Lo primero la salud: fuimos al médico varias veces pues sufría problemas intestinales, y tales visitas desembocaron en analíticas, pruebas y, finalmente, una operación quirúrgica.
Pasó cinco días ingresado tras la intervención y el día de su regreso a su casa, la calle, me lo encontré con mejor aspecto que nunca. Limpio y afeitado. Estuvimos hablando breve y alegremente. Hombros arriba y con gracia me dijo “las duchas calientes que me he pegado, ¡chaval!”, aunque lo más importante fue oírle decir “nunca más volveré a dormir ni a cagar en la calle. ¡Es un asco! Ya lo he hablado con otro, y esta noche dormiremos en el albergue. A las 17h nos vamos”. Él solo había dado el siguiente paso.
La operación parecía haberle cambiado. Dormir en una cama y poder asearse había sido el detonante de su cambio de actitud. Sus antiguos compañeros, quienes le veían durante el día me decían que ya no bebía alcohol, que el dinero que ganaba aparcando coches lo gastaba comiendo el menú de un bar, y que un vecino le estaba ayudando a obtener una pensión.
Me alegré tremendamente y erróneamente pensé que casi todo estaba hecho. Al tiempo me dijeron que había vuelto a beber. Y de beber a vivir en la calle. Así que muy pronto lo volvimos a encontrar aceptando nuestras raciones de comida. El motivo es que “el centro de acogida no era un lugar para él”. Cierto es que se quedó sin respuesta cuando le pregunté si era mejor dormir en la calle que dormir en el centro. Allí sigue.
Mientras le ayudamos tuvo fuerzas, cuando nos confíamos las perdió. Hoy estamos prácticamente donde empezamos.
miércoles, 26 de octubre de 2011
Donde el desierto lucha contra el mar; La Tortuga (Perú)
Ella, con 6 años, sabe más de la vida que cualquiera de nosotros.Vive en un pueblo desértico, aislado, a 2 horas de la civilización, abandonado; hasta que "los gringos" descubrieron que era rico en gas natural y les quitaron lo poco que tenían; ahora es simplemente un estercolero lleno de buitres esperando carroña.
Se alimenta de pescado crudo, es la golosina más deliciosa que existe; de hecho, no sabe distinguir una manzana de una pera y mucho menos disfrutar de su sabor.
Sabe el futuro que le espera: hacerse cargo de los suyos dependiendo del dinero de los hombres de su familia, si es que les sobra algo después de pasar por la cantina; familia en la que cada miembro pertenece a una secta diferente.
Es consciente, sabe y vive como algo inevitable, que por dinero, su padre será capaz de alquilarla, y cualquier noche, un vecino entrará en su casa, y al igual que le ha pasado a sus hermanas, "se la robarán" y ya tendrá un marido con el que formar su propia familia. Todo esto es lo que le espera en 10 años.
Pero por ahora, sigue disfrutando del presente, de ser una niña, de jugar a murciélagos y polillas, de que le hagan masajes y cosquillas en la panza los sábados por la tarde; se ríe cuando, alguien como yo, confunde su cabeza llena de piojos con la sal del mar. Se ríe de mi piel "con manchitas", de mi acento al hablar; todo eso le saca una maravillosa sonrisa.
Sonrisas, carcajadas; la suya y la de muchas (y unos pocos) como ella que se convierten en indispensables para quien las conoce.
La gente va a Perú a conocer el MachuPicchu y creen haber vivido algo espectacular.