Hace tan sólo unos días compartía una cerveza con una amiga. Hacía mucho tiempo que no nos veíamos y se convertía en una ocasión especial para retomar nuestra relación. Falsamente pensé que costaría darle ritmo a la conversación, pero ni mucho menos fue así. Rápidamente, empezamos a hablar de un tema y de otro, hasta que uno acabó por convertirse en el centro de la conversación. Ella lo llamó ‘sus lloros’, aunque yo negué que lo fueran entonces y lo niego ahora. Además, fuesen lo que fuesen, creo que es de vital importancia compartir con tus amigos los temas que más te preocupan. Lo considero un ejercicio de humildad. Y, por otra parte, es hora de entender que, a veces, uno solo no tiene la solución y que, a veces, la persona que está delante puede ser quien te dé la respuesta o, mejor, la pregunta que estabas buscando. Hablamos largo y tendido y creo que un poquito, aunque fuera tan sólo un poquito, sí que pude ayudar. La remití a uno de los artículos de este blog, uno en que dice que hay una gran parte de ‘sin techo’ que están dispuestos a salir de esa situación, pero tan sólo hay una pequeña minoría que -perdón por la expresión- ya están hasta las narices de la calle y necesitan salir. Esos, sólo esos, son los que tienen verdaderas oportunidades de salir. Aquellos que están dispuestos a cambiar dinámicas. Los otros, lamentablemente, se encuentran en su zona de confort donde, ya acostumbrados a su vida, no van a luchar en demasía por el cambio pues, al final, podrían estar peor. Bien, no toméis mis palabras a pies juntillas pues hay muchos matices y, por otra parte, los ‘sin techo’ son marginados y merecen una atención especial.
Sea como sea, me centro en ese estadio de confort, ese en el que nada va a mejor, ni nada a peor. Estabilidad que, cuando se trata de situaciones críticas, acaba comiendo la alegría de quien la padece y le encierra en un bucle sin aparente salida. Está cegado, se siente aprisionado. Y aquí me viene a la cabeza la pregunta que una vez me hizo un amigo ‘¿Y tú, qué haces por cambiar?’
Anteayer esta pregunta volvió a mi y decidí que necesitaba un cambio de dinámica, pues me encuentro en una zona de confort un tanto peligrosa. Así, he roto un mal hábito y he pasado a madrugar para hacer deporte por la mañana. Mi error había sido sacar el deporte de mi agenda, lo que resta oxigenación a la mente, claridad en las ideas y, al menos en mi, me resta alegría. Importante: alegría. No obstante, espero que no sea este el único cambio, pues correr por las mañanas tampoco es la solución a mis males.
Al final de todo, uno se preguntará a qué viene un post como este en un blog de solidaridad. Pues muy fácil, el punto en común es la ACTITUD. Puede que no seas tú quien necesite un empujón o quizás sí. Pero lo que tenemos que tener claro es que si haces lo que has hecho siempre, te pasará lo que te ha pasado siempre. Sencillo. Y, por otra parte, si las cosas no marchan bien, está claro que necesitas un cambio. Lo que hace bueno el dicho “El pesimista se queja del viento, el optimista espera a que cambie, mientras el realista ajusta las velas”. Es importante liderar la gestión del cambio en ti y a tu alrededor. De hecho, eso te hace gooder.
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