lunes, 6 de junio de 2011

Memorias de África

En plenas conversaciones para llevar a cabo un campo de trabajo en Mozambique, os adjuntamos un artículo de Manuel Aguilera, Gooder, en el que habla de su reciente experiencia en un campo de trabajo en Costa de Marfil. 

La historia nos servirá para alimentar, más si cabe, nuestras ilusiones de desarrollar una experiencia de cooperación internacional. De momento, y para poneros al día de nuestras gestiones, en Itóculo (Mozambique) recibirían con los brazos abiertos a un gran equipo de sanitarios -oculistas, dentistas y cirujanos-. Solicitamos una ayuda más abierta y no tan focalizada, con que seguimos a la espera. 

Os dejamos con Manuel: 

AYOKA!!! (saludo africano)

Pensaba que escribir algo sobre la experiencia en Costa de Marfil de este verano pasado sería más fácil y enseguida que se me propuso escribir esta entrada en el blog acepté encantado, lo que no sabía es qué tan enriquecedor ha sido para mí ese viaje, han sido tantas las anécdotas y lecciones en ese mes que esto se me va a quedar corto. Me pongo música africana y remiro (esta es la vez 1024232634829) las fotos del viaje para ponerme en situación.

Para empezar me voy a situar. Este verano pasado fui con una ONG (Adesci) a Costa de Marfil a un campo de trabajo donde se desarrollaban tres labores:

  1. Educación
  2. Construcción
  3. Medicina: donde éramos un médico, dos estudiantes de medicina (dónde me incluyo) y un estudiante de odontología
Éramos 30 personas, de distintas edades y distintas carreras, pero todos teníamos un mismo objetivo y ese era ir a dejarnos la piel ayudando a los demás cosa que hizo que formáramos un grupo muy compacto que a día de hoy seguimos siendo y nos reunimos para planificar como seguir ayudando en ese país.


La aventura se desarrolló en Manaboué, un pueblecito en medio de la selva, donde nada más llegar nos recibieron con bailes, flores por las calles, niños corriendo al lado del autobús…en resumen, todo un show que para quien es su primera vez marca. Ver que esa gente (que comparados con nosotros no tiene nada) ponen su todo a tu disposición en señal de agradecimiento, y es que el agradecimiento se palpa en cada momento allí. 

Allí la pobreza no eran niños pobres y malnutridos, Costa de Marfil es un país rico (primer productor mundial de aceite de palma y de cacao y puntero en producción de muchos otros productos) pero que su gobierno ha sido muy corrupto y para muestra un botón, todos hemos visto por la tele o leído en los diarios la “guerra civil” que ha acontecido por el cambio de la presidencia. 

Bueno, voy a dejar de hablar de temas aburridos y voy a contar un poco mi experiencia ahora que estamos más o menos situados.

Allí pude ejercer de “médico” con mis escasos conocimiento pero con la ayuda de un médico genial y otro estudiante de medicina fenomenal que me explicaban lo necesario para curar cosas básicas allí. Y es que allí no tienen TACs, ni resonancias ni na’ de na’, no se quejan de nada a no ser que duela de verdad, es impresionante el sentido del dolor y del sufrimiento que tienen.

Básicamente nos dedicábamos a dar tratamiento para infecciones, analgésicos para calmar el dolor, curar heridas y dar tratamiento para la malaria (enfermedad que acaba con la vida de muchas personas, sobre todo niños en el país). Nuestro día consistía en trabajar desde la mañana bien tempranito hasta la hora de la comida, cada día íbamos a un pueblo distinto a montar la campaña de médicos y en cada pueblo es tradicional comer con el jefe de la tribu (a cada cual más personaje).

La comida allí era básicamente arroz y a veces un poco de carne, eso sí, siempre acompañado de una salsa “ultra” picante que parecía salsa de tomate y que te ponías el primer día y nunca más te ponías.
Por las tardes conocer el pueblo, jugar con los niños, pasear… me acordaré siempre del día en que me fui con un amigo de allí a coger fruta, nos metimos en la selva y comíamos fruta recién cortada de los árboles. O del día que nos metimos con el autocar en la selva porque allí es época de lluvias y con el barrizal y una mini cuesta podías acabar en cualquier parte.

Momentos míticos de los bailes por la noche tras la cena con los tambores y ellos y nosotros cantando dando vueltas en corro, de niños que se te pegan como lapas, de mosquitos y arañas como dinosaurios, de arroz, de risas, de más arroz, de empujar el microbús, de machetazos abriendo paso por la selva…
En fin, podría seguir escribiendo páginas y páginas contando anécdotas y no acabaría. En África se quedó un trocito de mi corazón y de allí me llevo muchos amigos, buenos recuerdos y valores, cantidad de valores que no se enseñan en la escuela ni en los libros. África es una experiencia que te cambia y te engancha, a lo mejor no podrás ir cada año pero seguro que repites y es que nada llena más que hacer feliz al prójimo.

“El hombre vive esperando recibir y no experimenta la alegría de dar. Por eso no sabe lo que es el Amor, que es darse a los demás”

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