viernes, 18 de febrero de 2011

UN DOMINGO GOODER

El domingo, día 13 de febrero nos reunimos Tica, Tonia, Jaume y yo, para repartir la cena a aquellos que por cualquier causa no pueden, con frecuencia, disponer de ella, ni tan siquiera de un techo bajo el que disfrutarla.

Comprobamos que sólo hacían falta 3 kilos de spaghettis, 3 litros de salsa de tomate, 3 cebollas, 2 zanahorias, y un puñado de trocitos de pimiento rojo, aderezados por hierbas varias, para calmar el hambre.

Sólo hacían falta 2 litros de leche y medio bote de cacao para saciar la sed y paliar el frío.

El frío de una noche de domingo, una noche de febrero, cuando la mayoría están-estamos, en sus-nuestras casas, disponiéndonos a cerrar un día para empezar ojalá que ilusionadamente una nueva semana.

Pero sería incompleto, y tal vez algo efímero, el decir que sólo esos fueron los resultados de la experiencia, porque no fue así.

Aún a riesgo de resultar algo tópica diré que sólo esos pocos ingredientes me enseñaron a valorar la importancia de los pequeños gestos, sin necesidad de grandes proezas para aportar tu granito de arena, así como del significado de un minuto, una hora, una tarde, como para no malgastarlo por costumbre.

Me insuflé con una bocanada de aire puro, a través de los agradecimientos más sinceros, recompensa más que suficiente en una época en que todo lo medimos en euros.

Comprobé que la gente sigue y seguirá necesitando a gente aunque cada vez nos volvamos más individualistas, como Tica, Tonia, Jaume y yo nos necesitamos para vivir esta experiencia, y como se formaban grupos para compartir un cajero, un puente, un portal, una manta… Cabe recordar aquí la anécdota de la “tremenda suerte” de “la Mari” en el Mercado del Olivar, cuando uno de los habitantes de la Plaza nos pidió que, por favor, la atendiéramos a ella.

Nos adentramos en las historias vivientes de quien con nosotros quiso compartirlas, de quien necesitaba hablar y ser escuchados, aunque fuera de anécdotas varias, rivalidades Madrid-Barça, cadenas de restaurantes que llevaban, como la Meca del Pollo, enfermedades y grandes intenciones (como la de alguno con el “surfing”)

Disfruté observando a mis tres compañeros y amigos, mientras afloraba su espontaneidad y naturalidad, su sonrisa y buen humor, su cercanía y humildad, y otras tantas virtudes igual de destacables, y muchas las quise para mi. Aprendí de ellos.

Muchas parece que son las formas con que han llegado a esta situación desfavorecida, pero de una espero que salgan: con voluntad, empuje y esfuerzo, así como con ayuda y orientación. Asimismo espero que, como a mi me aportó mucho este ratito (en muchos casos con cosas que gracias a nuestros padres, abuelos, hermanos sabemos desde hace tiempo, pero que no está de más recordar), a ellos les aporte algo, por mínimo que sea, que contribuya, con la ayuda de Dios, a reunir la fuerza necesaria para avanzar.

Para acabar diré que esa noche yo no cené. No necesité la comida porque el hambre que en ese momento era para mi valioso, ya había sido saciado.

2 comentarios:

  1. no sé si servirá de mucho, pero en mi blog he puesto un enlace directo al 'blogparagooders' por si despierta la curiosidad de los pocos que siguen dejandose caer por 'mis cosas'.

    BE GOODING!

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