viernes, 25 de febrero de 2011

Las Reinas del Hospital

Si soy sincero, me he sentado delante del ordenador con la intención de escribir un artículo acerca de las diferentes actitudes que, en nuestro paso por el Hospital Joan March, he tenido la oportunidad de observar en los pacientes; un articulo que habría titulado “Cara y cruz”, pero que ante la posibilidad de caer en un texto más que reflexivo y serio, he preferido cambiarlo por este, de título más alegre y en el que de actitudes también podemos hablar.

Para no hacer este artículo muy largo, lo dividiré en varias partes. Una para cada reina aunque, como entenderéis, no las conoceréis por sus nombres reales.

Ella tiene nombre de reina de verdad. Reina de España y ahora Reina del Hospital ha empezado su gobierno en solitario, cuando sus dos predecesoras se han marchado ya. Si bien es cierto que el viernes pasado las tres, sin saberlo, estaban bajo los techos del mismo palacio.

Nos conocimos de casualidad puesto que no era ella, en esta ocasión, el motivo de nuestra visita aunque sí que lo será en todas las próximas. Con su descubrimiento el destino acabó por arreglar lo que había sido una tarde gris en palacio, pero supongo que tantas veces hemos pasado ratos tan agradables que esta vez, quizá, tocaba una tarde de las que menos. Lo que el refranero se ha encargado de describir como una de cal y una de arena, se plasmó a la perfección durante aquella tarde.

Bastaron muy pocas palabras para empezar nuestra amistad, pero algunas más para conocerla como reina. Su reino se conoce por sus palabras, pues no la conocemos por sus actos, pero de sus palabras se extrae una vida plena y un corazón que bombea alegría. En el poco tiempo que gozamos de su compañía nos demostró ser una de pocas personas que extraen el dulce jugo de la vida. Una mujer de lectura positiva aunque negativas sean las circunstancias. En su actitud reside su grandeza.

Guarda innumerables experiencias de su vida, tantas que podría escribir un libro de tantas páginas como días ha vivido, pero lo descarta totalmente. Su vida le pertenece a ella y a las personas con las que la ha compartido. Su marido lo hizo durante mucho tiempo y seguirá haciéndolo cuando se reúnan en el Cielo, donde le espera incompleto. No obstante, su legado permanecerá tanto en la Tierra como en la tierra. “No ho oblidis: nosaltres som el tronc, els nostres fills són les branques i els nostres nets són els fruits”.

Su tronco, por fortuna para nosotros, sigue brotando y reverdeciendo aquellas ramas que no conducen su misma sangre. Me refiero a todos a los que su gran árbol nos da sombra y vida, como si musgo fuésemos. Aprender de los demás, al tiempo que aprehender lo aprendido nos hace grandes y, quizá, así, algún día podamos portar el cetro de nuestro propio reino.

No hay comentarios:

Publicar un comentario